Más de noventa minutos

Uno de los símbolos deportivos de Mallorca es el RCD Mallorca. El club juega en Palma, en Son Moix, e ir allí se convirtió en parte de mi vida en la isla, no solo por el fútbol sino por todo lo que ocurría alrededor del partido.

Cuando visitaban equipos como Barcelona, Real Madrid, Sevilla o Atlético de Madrid, la expectativa empezaba mucho antes del inicio. La música, las conversaciones y el ambiente deportivo relajado convertían la noche en una ocasión social.

Era un lugar fácil para conocer gente. Residentes, recién llegados y visitantes compartían el mismo tema y la misma emoción sin necesidad de presentarse. Los partidos repetidos crearon caras conocidas; las caras conocidas se volvieron conversaciones; algunas conversaciones se convirtieron en amistades.

Las luces de los teléfonos del público iluminan Son Moix en la noche del Mallorca–Betis
Las luces de los teléfonos del público iluminan Son Moix, febrero de 2026. Fotografía de Hernán Nogués.

Una vía de entrada a la vida de la isla

Para quien llegó de otro lugar, esos rituales importaban. La integración no se logra solo con papeles o certificados de idiomas. También ocurre al regresar al mismo lugar, aprender las referencias que todos comprenden y participar de una alegría o una decepción colectiva.

Son Moix daba a la semana un ritmo social y ofrecía una visión de Mallorca como comunidad viva, no como destino. Apoyar al equipo de la isla me ayudó a sentir que Mallorca ya no era simplemente el lugar donde vivía y trabajaba. Era un lugar al que pertenecía.

Por eso recomiendo la experiencia incluso a quienes no son aficionados al fútbol. Ve por el ambiente, las conversaciones y la oportunidad de comprender otra parte de la identidad de la isla.