Almas inquietas

Todos los que, por distintas razones, hemos elegido venir a Mallorca compartimos algo: somos almas inquietas. No solo disfrutamos de las playas; también queremos relacionarnos con personas y culturas diferentes. Pocos lugares, ni siquiera algunas grandes capitales, abrazan la multiculturalidad con tanta intensidad como Mallorca e Ibiza. Camina por el centro de Palma y quizá escuches diez idiomas en pocos minutos.

Estoy convencido de que aprender la lengua del lugar donde has elegido vivir abre puertas en todos los sentidos. Te da independencia para resolver la vida diaria sin depender de otra persona o de una aplicación de traducción. Y, sobre todo, te ayuda a hacer amigos y a entrar en la cultura local en lugar de quedarte a su lado.

Volver a empezar a los cuarenta y nueve

Como hablante nativo de español, el primer paso fue estudiar catalán y después descubrir sus variedades baleares: mallorquín o ibicenco, según la isla. Tenía cuarenta y nueve años cuando entré en la escuela de adultos de Ibiza. El primer día sentí un poco de vergüenza. Desapareció en cuanto conocí a mis compañeros.

El aula se parecía a unas pequeñas Naciones Unidas. Personas de muchos países y circunstancias estaban unidas por el mismo deseo de aprender. Había limpiadores, profesores, profesionales y personas con realidades económicas muy distintas. La lengua nos colocaba en igualdad: todos teníamos que escuchar, equivocarnos e intentarlo de nuevo.

Quería el certificado oficial C1 del Marco Común Europeo de Referencia para las Lenguas. Invertí tiempo, dinero y esfuerzo. Después de cuatro años y medio de trabajo constante, lo conseguí. El certificado importaba, pero el camino hasta él importó más.

Las amistades que me dio la lengua

Uno de mis círculos de amigos más cercanos en Ibiza sigue siendo el grupo catalanohablante que conocí en este proceso. Construimos un vínculo real y seguimos viéndonos en Ibiza y Mallorca. Mi experiencia habría sido muy distinta si no hubiera abrazado la lengua local.

El mismo consejo sirve para el español. Los pueblos de las islas ofrecen cursos y grupos voluntarios de conversación. Se puede aprender durante una visita a un museo, recorriendo un lugar o tomando algo en un bar. La gramática se vincula a un rostro, una historia y un lugar; entonces empieza a quedarse contigo.

Los martes por la tarde en Sóller

Tampoco soy hablante nativo de inglés, pero siempre me han gustado los idiomas. En junio de 2023 empecé a asistir a un intercambio que se celebraba cada martes en un bar del centro de Sóller. Los hispanohablantes iban a practicar inglés y los angloparlantes residentes en la isla a mejorar su español.

Lo que podría sonar algo aburrido se convirtió en un maravilloso punto de encuentro. Ayudaba con la lengua y la integración, pero también creaba amistades. Durante las cálidas noches de verano —salvo agosto— y los fríos martes de invierno, incluso cuando Sóller parecía vacío, nos reuníamos para hablar, intercambiar historias de vida y mejorar nuestra forma de comunicarnos.

Si te instalas en la isla con intención de quedarte, no dudes en unirte a un grupo así. Aprender otra lengua puede cambiar tu destino. Desde luego, cambió el mío.